En las últimas décadas, el modo en que vemos series, películas y programas ha cambiado profundamente. Como observadores activos de estos cambios, notamos que la llegada del streaming ha transformado no solo nuestras rutinas, sino también la manera en la que la cultura se transmite y se vive día a día. Queremos reflexionar sobre este fenómeno: ¿se está ampliando el acceso a la cultura o corremos el riesgo de perder algo valioso por el camino?
La televisión tradicional como referencia cultural
Durante mucho tiempo, la televisión tradicional fue la ventana principal al mundo. Crecimos reconociendo programas icónicos, telenovelas, concursos y noticieros que unían a las familias frente a la pantalla a una hora fija. Las redes de canales decidían qué se transmitía, a qué hora y para quién.
Las costumbres de ver la televisión juntas daban sentido de pertenencia. La TV tradicional marcaba el ritmo cultural y social de generaciones, generando experiencias colectivas imborrables. Todos hablábamos del mismo episodio, del mismo partido de fútbol, de los mismos personajes.
- Programación lineal y pautada por horarios.
- Acceso limitado a opciones fuera de lo que emitían los canales.
- Eventos en vivo que reunían audiencias masivas.
- Publicidad insertada como parte de la experiencia televisiva.
Recordamos esas noches en familia esperando juntos el estreno de una nueva temporada, o esos domingos en los que media ciudad parecía ver la misma película. Esas citas compartidas creaban códigos, bromas y recuerdos que todavía persisten en nuestras conversaciones.
Llegada y crecimiento del streaming
Todo cambió cuando el streaming entró en escena. Internet permitió acceder a un catálogo casi infinito, disponible en cualquier momento. La experiencia de consumo se hizo instantánea y personalizada.
Ahora, tenemos la posibilidad de elegir qué ver, cuándo y dónde. Las plataformas nos ofrecen contenidos diversos, recomendaciones personalizadas y estrenos globales que cruzan fronteras. No estamos sujetos más a la tiranía del horario; podemos maratonear una serie completa durante un fin de semana o ver una película en el tren camino al trabajo.

En nuestra experiencia, hemos comprobado cómo el streaming modifica la rutina. El control está en manos del espectador. Además, la producción de contenido original ha crecido, ampliando los géneros y estilos disponibles.
Características del consumo en streaming
- Acceso bajo demanda a un catálogo amplio.
- Dispositivos múltiples: computadora, televisor, celular o tableta.
- Recomendaciones inteligentes basadas en gustos personales.
- Producción global, disponible simultáneamente en muchos países.
¿Cómo cambia nuestro consumo cultural?
El acceso a contenidos se ha democratizado de cierta manera. Ya no dependemos únicamente de la programación local. Podemos ver producciones internacionales, descubrir nuevas culturas y formas de contar historias.
La diversidad de oferta estimula la curiosidad y fomenta el aprendizaje intercultural a través del entretenimiento.
Desde nuestra perspectiva, hoy alguien en cualquier país hispanohablante puede emocionarse con una serie surcoreana, un documental europeo o una comedia brasileña. El streaming ha borrado fronteras y ha incrementado la visibilidad de expresiones culturales antes desconocidas para una buena parte del público.
El streaming nos invita a elegir y descubrir, más allá de lo que conocíamos.
Pero no todo son beneficios. Hemos notado que la personalización extrema también genera ciertos riesgos. Al recibir solo recomendaciones basadas en lo que ya vimos, podemos caer en una burbuja de contenidos parecidos, perdiendo la oportunidad de conocer obras fuera de nuestros intereses habituales.
Cambios en los hábitos sociales y familiares
Además del cambio en lo que vemos, el streaming transforma con quién lo vemos. Antes, la costumbre era sentarse en familia o con amigos. Hoy, cada quien escoge su propio contenido y dispositivo. Se han multiplicado las experiencias individuales.
Esto afecta no solo el diálogo, sino también la construcción de referencias colectivas. Ya no es seguro que todos hayan visto el mismo programa o película para comentarlo al día siguiente.
- Menos sincronización, más consumo personalizado.
- Nuevas formas de socialización: grupos online, memes y foros.
- La dinámica de “ver juntos” se adapta a herramientas de visionado compartido a distancia.
Aun así, las familias y grupos de amigos buscan maneras de compartir intereses. Nos resulta interesante cómo valoran los maratones conjuntos cuando coinciden, o la creación de clubes de series, aunque sea desde la distancia.
Impacto en la industria cultural
Desde nuestra perspectiva, las producciones audiovisuales también se adaptan a este nuevo escenario. El streaming ha impulsado la creación de obras pensadas para públicos segmentados, apostando por la diversidad de voces y formatos innovadores.
El consumo cultural ahora depende menos de grandes lanzamientos y más de encontrar nichos superafines a nuestro gusto personal.
En contraste, la TV tradicional suele enfocar sus esfuerzos en programas populares que buscan agradar a grandes audiencias. Las dos vías coexisten, aunque la producción original pensada para plataformas digitales crece de año en año.
Otro cambio relevante es la aparición de series y películas experimentales, que tal vez no tendrían lugar en una programación de televisión convencional. El público responde con nuevas formas de fanatismo y comunidad en línea, viralizando contenidos que, a veces, se convierten en fenómenos globales en poco tiempo.
La cultura pop cruza fronteras a una velocidad antes inimaginable.

Ventajas y desventajas de cada modelo
Queremos compartir algunos puntos importantes a tener en cuenta sobre estos modelos de consumo cultural, con sus virtudes y desafíos:
- TV tradicional: Mayor sensación de comunidad; creación de eventos en vivo; acceso sencillo en hogares sin conexión a internet; limitaciones en elección y variedad; rigidez horaria.
- Streaming: Libertad de elección; diversidad de contenidos y orígenes; posibilidad de personalización total; dependencia de dispositivos y conexión; riesgo de aislamiento cultural o burbujas.
En nuestra experiencia, ambos modelos pueden convivir. Hay quienes prefieren la compañía y rutina de la televisión tradicional y quienes disfrutan del acceso inmediato y personalizado del streaming. Megafans pueden elegir la transmisión clásica para eventos deportivos, pero luego buscar una película inédita en streaming.
¿Se trata de un cambio irreversible?
Nos preguntan con frecuencia si la televisión, como la conocimos, va a desaparecer. Nuestra visión es que las formas de consumo cultural se mezclan, adaptándose a las necesidades de cada generación. Algunos rituales se transforman, pero la búsqueda de historias que nos conecten sigue vigente.
El streaming permite nuevas formas de interacción y participación, mientras que la TV tradicional mantiene el valor de lo compartido y colectivo.
Lo genuino de este cambio es la flexibilidad. La cultura, lejos de perderse, encuentra nuevas maneras de transmitirse y evolucionar.
La cultura se reinventa con cada tecnología, pero nuestra necesidad de conectar sigue inmutable.
¿Cómo elegir lo mejor de cada opción?
Pensamos que lo ideal es combinar lo que más nos aporte de ambos mundos.
- Poder reunirnos para ver estrenos importantes con la familia o amigos nos da ese sentido de comunidad que tanto valoramos.
- Aprovechar el streaming nos abre a propuestas de distintos países y géneros, según nuestro momento y estado de ánimo.
- Buscar puntos de encuentro: comentar lo que vimos en redes sociales, compartir recomendaciones, organizar sesiones de visionado a distancia.
La clave está en experimentar, aprovechar la variedad y mantener viva la curiosidad. Así, el consumo cultural puede ser fuente de disfrute, reflexión y encuentro, sin importar el soporte.
Reflexión final
En este momento de transición, preferimos mirar el futuro con optimismo. Tanto la televisión tradicional como el streaming tienen un papel válido, y todos podemos encontrar nuestra fórmula propia. Lo bueno es que las opciones crecen y es posible aprender de cada formato.
La cultura se adapta sin perder su capacidad de sorprendernos y unirnos, sin importar la pantalla ni el momento.
